Orígenes

febrero 14, 2016

Alimentos sanos y ecológicos

Cualquiera de nosotros debería presuponer que lo “normal” sería hablar de que todos los alimentos son sanos y ecológicos, pero ha sido tal la incursión humana en la producción de los mismos que hemos acabado modificando hasta la materia primera.

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Constantemente oímos hablar de alimentos sanos y ecológicos, pero más allá de disfrutarlos también me planteo algunas preguntas: Los alimentos sanos y ecológicos, ¿son buenos para la salud, buenos para consumir y buenos para negociar?. Y previamente también pongo otra cuestión sobre la mesa: ¿Son los alimentos algo universal para negociar económicamente?.

En el intento de responder estas cuestiones, antes hay que entender que en la noción de humanidad se dan dos dimensiones diferenciadas: los mecanismos de herencia biológica y los mecanismos vinculados a procesos de aprendizaje. Esto da lugar a la doble naturaleza humana: ser biológico - ser cultural. En tanto que seres biológicos, la alimentación supone una necesidad básica para la supervivencia. Como seres biológicos la alimentación sí es algo universal. Sin embargo, cuando lo miramos desde la perspectiva de seres culturales, entonces, llegan los matices. E incluso, llegados a este punto habría que incluir el concepto de distribución de los recursos naturales en el territorio. Si el mundo fuera llano y todas las parcelas en que lo pudiéramos dividir fueran idénticas unas a las otras, seguramente podríamos hablar de una repartición igualitaria y de una universalidad sin matices. Sin embargo, la realidad deja de lado esta utopía ya que cada parte del planeta tiene sus propias particularidades y en consecuencia sus propios recursos naturales. En este sentido no podemos hablar de los alimentos como algo universal e igualitario. La única igualdad entre todos los humanos en torno al concepto de alimento es que los necesitamos para sobrevivir. El qué, el cómo y el cuándo varía en función de otros factores.

Dado que cada territorio tiene sus propios y particulares recursos, si se quiere disponer de igualdad alimentaria en todo el planeta es cuando la economía entorno a la alimentación debería entrar en juego. Una economía donde cada territorio sería explotador de sus recursos para poder adquirir otros productos que no están al alcance de su territorio de origen. Estaríamos delante de un sistema económico basado en los alimentos, que de alguna manera es la situación que ya tenemos hoy en día, aunque esta está dotada de muchos otros bienes y servicios. El problema, tal y como plantean los que han estudiado a García Canclini, es que “el consumo es la esfera de reproducción de de la fuerza de trabajo y de expansión del capital, pero agrega también un espacio en el cual se realiza la apropiación desigual de bienes materiales y simbólicos, la diferenciación social y la distinción simbólica de las clases, la integración y la comunicación, y por fin, un lugar de objetivación de los ‘deseos’”.

En este aspecto, tomando como referencia las conclusiones de García Canclini, los alimentos sí son un elemento para negociar que interesan al conjunto de la humanidad, pero existe una desigualdad social que no permite que haya igualdad en el punto de partida de la negociación económica de los alimentos. Y también hay que tener en cuenta, tal y como expone Harris, que la elección de uno u otro tipo de alimentos también se ve afectada por ciertas “categorías cognitivas que se asientan en valores, ideas, en el marco de los cuales las sociedades humanas defienden su concepción de humanidad”. Por tanto, aquí entraría en juego la denominada ley de la oferta y la demanda atribuida a Alfred Mashall y dada a conocer en las obras de autores como Adam Smith y David Ricardo.

Habiendo expuesto que los alimentos son necesarios para el conjunto de la humanidad, pero que el consumo o elección de uno u otro alimento varía en función de múltiples factores, ya podemos intentar dar una respuesta a las tres preguntas iniciales sobre los alimentos sanos y ecológicos: ¿Son buenos para la salud, buenos para consumir y buenos para negociar?”.  En primer lugar cabe apuntar que los adjetivos “sano y ecológicos” están dotando de simbolismo al concepto de alimento. Esto produce un sesgo y todas las personas no lo van a percibir de la misma manera. Y es esta misma adjetivación del concepto alimento la que me hace pensar en marketing y comunicación aplicados a la alimentación. Ante el debate “natural vs. artificial” en la alimentación, hay que partir de que todos los alimentos son naturales y lo que los modifica es la incursión de la mano humana en su producción o en los procesos de elaboración. Cualquiera de nosotros debería presuponer que lo “normal” sería hablar de que todos los alimentos son sanos y ecológicos, pero ha sido tal la incursión humana en la producción de los mismos que hemos acabado modificando hasta la materia primera (la que debería ser sana y ecológica). Muestra de ello es el estudio sobre el consumo de carnes rojas y procesadas publicado por la Organización Mundial de la Salud, el cual ha causó un gran revuelo en la opinión pública, siendo objeto de debate en todas las televisiones y también en las conversaciones de a pie.

La sobreinformación de la que gozamos hoy ha provocado que como individuos tengamos mayor conocimiento de los alimentos que consumimos y se han detectado nuevos públicos objetivo (targets) que pueden basar sus preferencias teniendo en cuenta necesidades culturales que van más allá de la clásica segmentación publicitaria marcada por edad, sexo y clase social. En el ámbito publicitario estas necesidades son llamadas “insights del consumidor” a partir de las cuales se trabajan nuevas campañas o productos adaptados al máximo de una necesidad concreta.

El auge de la información y distintos estudios de mercado pueden ser el origen de que en los últimos años hayamos oído, más que nunca, hablar del concepto salud y ecología vinculados a la alimentación. Esto implicaría que hay una voluntad económica para hacer negocio alimentario entorno a ambos conceptos. Pero más allá de esos conceptos y de esta voluntad de hacer negocio, teniendo en cuenta que nos encontramos en la Sociedad Red definida por Manuel Castells, también hay que tener en cuenta otros aspectos y no focalizar los conceptos ni el negocios de los mismos: el consumidor hoy se informa más que nunca y si se le engaña intentando hacer triquiñuelas con la alimentación, el retorno sobre el engaño puede ser muy perjudicial para la marca/producto.

En conclusión, podemos decir que la alimentación, a pesar de ser imprescindible para la supervivencia de la humanidad, también es un elemento de negociación económica al que se le atribuyen unos valores u otros en función de los intereses de marcas, lobbies u otros entes. Deja de ser un elemento biológico para convertirse en un elemento económico y cultural, que en el caso de los alimentos sanos y ecológicos también va mucho más allá de alimentación. Simplemente, no lo olvidemos.