Experiencias

diciembre 06, 2016

Cultura del vino; implicarse para aprender

Eso que debería ser el vino siempre: fiesta, cultura e historia.

Hace unos meses en Gastrotalkers contábamos con envidia (sana) que en Italia se estaban poniendo las pilas para promover la cultura del vino en las aulas. Sin complejos, desde la izquierda verde se trabajaba para que la historia del vino y la civilidad fueran asignaturas curriculares en infantil y primaria. Aún están librando la batalla, aunque el resultado del referéndum de este fin de semana aparcará cualquier iniciativa que no sea la de recomponer el país. A pesar de todo, lo importante es que sigan convencidos y que se mantengan en el camino. 

En España estamos a años luz de que des de las instancias públicas se promueva algo similar, a pesar de que somos el país del mundo con más hectáreas de viñedo plantadas, y segundos-terceros, según el año, en producción de vino, compitiendo con Francia e Italia que están siempre a la cabeza. En relación al consumo, las cifras son más descorazonadoras aún, sólo 16 litros de vino por habitante y año, cuando en la admirada Francia son más de 50.

Algo pasa y algo debemos resolver. Los más jóvenes poco saben del porrón y de las meriendas deliciosas de pan con azúcar y vino que algunos hemos tenido la suerte de disfrutar gracias a los abuelos más que a los padres… La desconexión del mundo rural ha provocado una ruptura que algunos vaticinan difícil de superar, pero des del epicentro del sector del vino nuevas generaciones empujan y defienden lo que fue  nuestro: la cultura del vino. La exportación crece, pero el consumo interno necesita de nuevos públicos y de mucha más cultura.

Por ello me parece admirable que haya iniciativas resistentes y aisladas que inculcan la importancia de lo agrario, lo rural, del vínculo con la tierra, de los valores que de ella emergen, de la tradición, del alimento que es el vino y de cuan importante es que los más pequeños lo tengan en su imaginario. Que lo conozcan, que lo aprecien, que lo valoren… Para que de mayores lo consuman, evidentemente con responsabilidad y moderación.

*Cedida

*Cedida

Un viñedo con valores

Marta Milà, enóloga de la bodega Mas Comtal en Penedès, me descubrió hace unas semanas “La vinya dels nens” el proyecto de la escuela Sant Jordi de la ZER Sant Pau del Ordal en Subirats. “Un viñedo donde los más pequeños experimentan el cultivo de la vid, las variedades y el aprovechamiento de sus productos, siempre con la ayuda de las familias, las bodegas y la escuela” señalan los promotores, los maestros. Y dicen: “Queremos  que nuestros alumnos aprendan a trabajar el viñedo de los niños como elemento de compromiso con el entorno, porqué creemos que en nuestra comarca – Penedès- el trabajo de la viña a parte de conectarnos con nuestro pasado, con la tierra y con el paisaje que nos rodea y acoge, tiene una amplia proyección de futuro. A parte de esto, también queremos que el cultivo de la viña sea un pretexto para crear, leer y entender el paisaje como un hecho artístico que podemos exportar. Nuestra viña es un escenario que nos sirve para fomentar la creatividad, a partir de lo que el propio territorio nos da”. Un trabajo educativo por proyectos, sin duda, que propone a los más pequeños implicarse para aprender. Con objetivos claros en el terreno de las ciencias naturales y sociales, la expresión artística y las lenguas, puesto que se comparten experiencias pedagógicas con escuelas de Bañuls (Francia) y de Sicilia (Italia) a través del programa Erasmus+. El resultado del proyecto es enriquecedor no sólo para los más pequeños sino también para los padres. Si el reciclaje empezó en las aulas y han sido los niños los que lo han inculcado a los padres, creo sinceramente que la cultura del vino, con proyectos así, puede seguir el mismo camino. “Tomando la responsabilidad como si fuera la cepa, de la que brotarán las ramas de los valores, para conseguir el objetivo final de una convivencia pacífica y enriquecedora” cuentan los promotores, se desarrollan todo un listado de valores “con actuaciones sencillas y silenciosas, impregnando cada actuación de pequeñas reflexiones”.  Y los valores resultantes son los que el viñedo exige al agricultor: la paciencia, la constancia, el respeto, la cooperación, la creatividad, el equilibrio y la confianza. Niños de 3 a 12 años de la escuela Sant Jordi de Subirats participan en el proyecto que abre su radio de influencia más allá de la escuela, a voluntarios, a artistas locales… Existe un fuerte compromiso con el proyecto “Make the future grow”, además de resultados más que provechosos: el haber conseguido elaborar “vi bullit” y uva pasa, por ejemplo.

*Autora: Ruth Troyano

Pintura, artesanía y creatividad

En Lérida, en la comarca de Les Garrigues, la bodega Mas Blanch i Jové es ampliamente conocida por su mirada comprometida con el arte fruto de su vínculo con el pintor Josep Guinovart. “Nuestra bodega, integrada dentro de la montaña, quiere fundirse con el paisaje, ser parte viva”, reza el eslogan. Y con esta voluntad de conectar con las raíces ya lleva organizadas siete ediciones de un participativo concurso de pintura infantil en el que los más pequeños no sólo sorprenden sino que también seducen con su creatividad artística sobre el viñedo. “Repartimos láminas por todas las escuelas de Les Garrigues gracias al Consell Comarcal” cuenta Sara Jové, propietaria. Y añade: “Este año hemos recibido más de 500 obras que nos descubren la visión artística de los niños sobre el mundo del vino. Para la entrega de premios abrimos la bodega a padres y a alumnos participantes para que vean sus obras expuestas en nuestra sala de barricas. A los padres los invitamos a una cata de vinos y los más pequeños reciben acuarelas y colores para que sigan pintando los viñedos de la DO Costers del Segre”. Sin duda, una buena manera para que las nuevas generaciones conecten con el entorno rural, la artesanía, la pintura… Y para que aprecien, en unos años, el privilegio que han tenido de vivir, sentir y crear en él.

Fuente: cedida por Sanateca

El mosto más auténtico

En Priorat, el Centro de Actividades Rurales l’Enclusa vive por y para el descubrimiento de la naturaleza y la artesanía entre los más pequeños. La vid tiene un papel protagonista en una de las regiones de vinos más internacional y prestigiosa del mundo. En la Escuela Antoni Vilanova de Falset ya inculcan los valores de lo agrario en el aula; en 2012 todos los niños se disfrazaron con motivos de vino para celebrar los 100 años de vida de la Cooperativa Falset Marça. Ahora también las actividades de ocio se tiñen del morado de la garnacha y la cariñena des de este centro de actividades. “Entre obagues, anant pel camí vell de Gratallops, trobareu l’Enclusa. Un espai on poder conviure amb animals, conèixer els conreus de la comarca i aprendre diferents tècniques artístiques”. Los talleres son a veces itinerantes. Hace unas semanas, en Tarragona se celebró la fiesta del primer vino del año “Embutada”  y la Enclusa organizó un taller para niños. Crearon su propio mosto pisando primero la uva, embotellando luego el mosto en botellines de vidrio y pintando y nombrando después las etiquetas. Fue de las actividades más solicitadas y aunque se organizó fuera de vendimia… El mosto resultante sabía a gloria. A diversión y a esfuerzo. A eso que debería ser el vino siempre: fiesta, cultura e historia. Creatividad y autenticidad. Naturalidad.

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