Experiencias

mayo 08, 2016

El Daiquiri que llena vacíos

Hielo picado para unir dos mundos y dos tiempos. El Daiquiri es llenar orificios de la vida. En la copa se ve el color de un mar verde paraíso. En la boca baja por el tobogán de la melancolía la tierra que ya no pisas.

*Autor: Saxway

Un Daiquiri llena un vacío. O más de uno. El escritor norteamericano Ernest Hemingway era contundente antes de caer del taburete: “My Mojito en la Bodeguita, my Daiquiri in Floridita”. Por eso en “La Floridita” (templo de la ruta del alcohol en Cuba y la galaxia) en su taburete ya no se sentó nadie más después de morir. Allí noveló a Constante. Un hombre real que de los vacios inventó el Daiquiri. 

Constante era Constantí Ribalaiga. Catalán de Lloret de Mar. Emigrante a la Habana de principios de siglo XX. Barman deambulante hasta que llegó a “La Florida”, otro templo dirigido también por catalanes. Se convirtió en amo del local y después lo transformó en “La Floridita”. ¿Un bar, una coctelería? No, no. Como publicó la revista norteamericana Esquire en 1953: “Allí el espíritu del hombre se salva y engrandece por la conversación y la bebida”. El cielo en la tierra. Y Constantí Ribalaiga su profeta. De los vacíos del emigrante. De la abundancia de la isla. Del contraste entre el ayer y el presente salió el Daiquiri: ron (el Bacardí de la nostalgia que creó otro catalán de Sitges en Cuba); jarabe de caña de azúcar y limón (el presente exótico navegando en el barco de la isla). Hielo picado para unir dos mundos y dos tiempos. El Daiquiri es llenar orificios de la vida. En la copa se ve el color de un mar verde paraíso. En la boca baja por el tobogán de la melancolía la tierra que ya no pisas. El Daiquiri equilibra la existencia. 

En esa Cuba de los cuarenta y los cincuenta. Donde todo parecía posible. Donde se refugiaban personas y almas de todos los mundos. En esa capital franca de “Holas” y “Adioses”. En medio el Daiquiri. Como una frontera habitable. Como un limbo eterno. Desde allí despegó por la rampa de lanzamiento de las necesidades. Y el Daiquiri aterrizó en todo el mundo. Porqué cualquier geografía tiene sed de llenar vacíos.