Experiencias

noviembre 15, 2016

“El gran salto pendiente en enoturismo es la ordenación de la oferta globalizada para hacerla accesible al visitante”

Isaac Fernández reflexiona sobre el enoturismo, su evolución y los retos pendientes en “De vinos por Europa”.

Alhena Media publica “De vinos por Europa” del periodista Isaac Fernández Sanvisens, con la colaboración de My Way (rutas en coche). El libro “pretende abrir las puertas del enoturismo desde una amplia perspectiva, en la que el vino es el elemento principal e hilo conductor pero de ninguna manera el único punto de interés de cada una de las rutas expuestas”

*Autora: Ruth Troyano

El enoturismo se ha convertido en una práctica cultural muy frecuente en nuestros días aunque la Real Academia Española aún no haya aceptado el vocablo en su diccionario. Algunos, como el periodista Isaac Fernández Sanvisens (Barcelona, 1972), la descubrieron hace más de una década. Transcurrido todo este tiempo y después de una inmersión continuada en las más emblemáticas regiones de vino de Europa, atesora un extenso bagaje que ahora comparte con todos en  “De Vinos por Europa. 20 rutas imprescindibles en coche”, un libro editado por Alhena Media, con la colaboración de My Way

Fernández Sanvisens propone itinerarios para descubrir las regiones de vinos del viejo mundo y sugiere “viajar con libertad” no sólo como filosofía, sino con connotaciones prácticas también, las que da el vehículo privado para moverse sin ataduras ni reloj. El autor está convencido que “solamente de esta manera podemos dejarnos llevar por estos momentos de placer efímero”. En la siguiente entrevista, Isaac Fernández reflexiona sobre el enoturismo, su evolución y los retos pendientes, pero también descubre episodios del libro y revela cómo le atrapó la grappa italiana.

*Autora: Ruth Troyano

Más de 12 años descubriendo regiones de vinos… ¿En qué ha cambiado el sector desde entonces?

En nuestro país, que es la región de la que he podido realizar un seguimiento más constante, pienso que el enoturismo ha pasado de las simples “visitas a bodegas” -que estaban orientadas exclusivamente a dar un valor añadido a la compra de los vinos a precio de bodega- a las “experiencias enoturísticas”, una oferta más completa y pensada desde una perspectiva más cultural y no tan puramente comercial e industrial. Esto también ha conllevado muchos otros cambios: distintos tipos de experiencias para cada tipo de enoturista, tarifas para visitas en lugar de gratuidad, oferta turística complementaria que antes era inexistente…

Has viajado por las zonas más emblemáticas del viejo mundo. ¿Dónde crees que el turismo del vino esté siendo más representativo de esta forma de turismo cultural?

No soy quien para decir como debe ser el enoturismo. Pero de toda manera creo que la coordinación de todos los agentes implicados a la hora de ofrecer la temática vinícola como elemento fundamental del turismo de una región, es determinante. Es decir, que la oferta enoturística no provenga sólo de las bodegas elaboradoras sino que se extienda a la resta de agentes, como restaurantes, alojamientos, tiendas especializadas, bares de vino, empresas de actividades de turismo activo y, evidentemente, las instituciones o organismos privados que aglutinen toda la oferta y la ordenen para el visitante. En este sentido, destacan muy especialmente la mayoría de las regiones francesas, donde es muy sencillo acceder a esta oferta, podríamos decir, globalizada alrededor del mundo del vino. El Valle del Loira, por ejemplo. Dicho esto, otras regiones de otros países europeos también lo han conseguido bastante bien, aunque acostumbra a quedarse más en un esfuerzo de la denominación de origen o comarcal, más que de ámbito regional. Hay ejemplos como Priorat, Penedès, La Rioja y La Rioja Alabesa que son muy buenos, como también lo son en Italia las distintas strade dei vini como la del Prosecco o la del Barolo, por poner dos ejemplos. 

“Tenga en cuenta que la visita estándar a una bodega va a llevarle al menos 45 minutos de tiempo, y eso si solamente incluye unas breves explicaciones acerca de la elaboración, los detalles del productor en cuestión y una degustación guiada de un par de productos. A partir de aquí, podrá llevar a cabo visitas mucho más extensas en el tiempo y detalladas en su contenido, que se pueden alargar durante dos o tres horas si incluyen también un recorrido por los viñedos, las diferentes áreas de vinificación y envejecimiento y una degustación más completa”

*Autora: Ruth Troyano

La idea de publicar el libro y la colaboración con My Way, ¿cómo se gesta?

Después de tantos años disfrutando del enoturismo en todos los viajes que he realizado y de los estudios sobre el vino del WSET que he llevado a cabo, ya tenía un buen bagaje de vivencias personales y conocimientos como para plantearme la posibilidad no de uno, sino de dos libros. Sólo se trataba de recoger las experiencias, ponerlas al día y documentar los espacios en blanco que siempre dejas en los viajes sin la presión y los objetivos sistemáticos. A partir de aquí, la idea nace de una conversación con el director editorial d’Alhena Media, Francisco Bargiela que, junto con My Way, coordinan el proyecto. 

Está claro que el vehículo es esencial en las rutas enoturisticas porque la accesibilidad es a veces complicada, pero ¿no puede ser también un hándicap? El transporte público colectivo podría ser una solución mejor…

Sin duda que un buen transporte público podría mejorar mucho la oferta enoturística en una zona determinada. Hay ejemplos de éxito, como el tren turístico de Saint-Émilion, o el bus turístico que une Barcelona  con algunas bodegas del Penedès o el enobus de la Rioja Alabesa. De tota manera, no existe ninguna iniciativa – que yo conozca – que apueste por un transporte público demasiado práctico para descubrir a fondo una región vinícola. Hasta cierto punto, puede ayudar a acercarse de una manera un punto superficial, pero no creo que pueda llegar nunca a conseguir la libertad de trayectos y horarios del vehículo privado. Por no hablar de la comodidad de ir cargando el maletero con los mejores recuerdos embotellados en cada parada de una bodega. 

El concepto “viajar en libertad” está muy bien encontrado y descrito en el libro. También en el enoturismo, el viajero debe llevar incorporada esta mentalidad…

Indudablemente. Especialmente cuando tenemos en cuenta que el enoturismo tiene como objeto turístico un elemento tan cambiante como el mundo del vino. Cada época del año los paisajes son distintos; cada día o cada hora del día, el tiempo y la luz nos proporcionan panorámicas y visiones únicas. Pero no sólo esto, también el trabajo en la bodega es distinto y, muchas veces, las personas que atienden al visitante no son profesionales del turismo, así que dependemos de su estado de ánimo, del feeling y del tiempo que tengan aquel día… Con ello quiero decir que es imprescindible saber adaptarse a las circunstancias y aprender a disfrutar de todo lo que nos depare cada momento. Solamente de esta manera podemos dejarnos llevar por estos momentos de placer efímero. 

¿Puedes revelar la visita enoturística que más te haya marcado en los últimos tiempos? 

Aparece en el libro, en el capítulo correspondiente al Véneto, pero no fue una bodega sino la destilería de Grappa Poli, un elaborador líder de grappa de calidad. Realicé una visita muy completa por las históricas instalaciones y el interesante museo, y terminó con una larguísima cata de unas 30 muestras de distintas grappas que producen, con uno de sus propietarios. Giacopo Poli es un intelectual, ha escrito un libro fabuloso sobre la grappa y con él es posible conversar durante horas sobre cualquier temática… Y es lo que hicimos: catar grappa y conversar de esto y de aquello sin mirar el reloj. El pacer de disfrutar del momento.

Me llamó la atención el capítulo que lleva por nombre “el vino de la manzana” y como lo defiendes cuando cuentas que “el beber puede estar asociado con otros productos que vienen de la tierra como la uva”. ¿Hay algún aprecio personal a la sidra?

La verdad es que no soy un especial conocedor de la sidra. La idea de realizar este capítulo surge de My Way, pero es cierto que me sirvió para profundizar un poco más en este mundo y en su cultura, y tiene muchas cosas en común con el vino. En un principio hasta dudé de la idoneidad de incluir un capítulo dedicado a la sidra en un libro que va “De Vinos por Europa” pero lo cierto es que ellos mismos califican como enoturismo la oferta alrededor de la bebida.

A nivel global, ¿qué hace falta corregir o implementar en el sector del enoturismo?

Creo que se debería potenciar por un lado la oferta enoturística que no proviene de las bodegas, es decir, la presencia de menús-maridaje con vinos de la zona en los restaurantes, la posibilidad de degustar vinos a copas en bares, los cursos de cata con un buen contenido en espacios especializados, las actividades de turismo activo entre viñedos… Y por otro lado acabar de completar el tránsito hacia las experiencias enoturísticas en las bodegas que aún no tienen esta visión. Evidentemente, adaptadas a cada bodega: no todo el mundo puede crear una industria turística como una gran bodega, pero quizás puede ofrecer una cata de las botas o un paseo entre viñedos… Y, para terminar, el gran salto adelante pendiente es el de la ordenación de toda la oferta globalizada para que sea accesible para el visitante.

“El mundo del vino y del enoturismo no es un tipo de turismo exactamente estacional, puesto que se puede realizar en cualquier época del año. Sin embargo, el ciclo anual de la viña modifica sensiblemente los paisajes vitivinícolas. Además, según el momento del año en que se realice la visita, se podrán ver o no determinadas tareas en las bodegas”

*Autora: Ruth Troyano

Extender la idea que el enoturismo es mucho más que beber vino es también uno de los objetivos de esta publicación. ¿Cómo presentas el vínculo con la gastronomía, la cultura, la historia y la tradición de cada zona?

Exactamente. Yo soy un apasionado del vino y planeo muchos de mis viajes teniendo en cuenta la temática vínica, para conocer nuevas zonas y degustar sus vinos. Pero el hombre ¡no vive sólo de vino! Así que, cuando estoy sobre el terreno, me encanta visitar un castillo medieval, sentarme en una terraza delante de un lago o realizar una excursión a pie, sin hablar de cómo disfruto de la gastronomía local de cada zona. O sea que pienso que, si yo  que soy un vinófilo convencido que también disfruto con la cocina, la cultura, el arte, la historia, la tradición y los paisajes, ¿cómo no lo ha de disfrutar otro viajero a quien le guste el vino hasta incluso un poco menos que yo? Además, el vino está íntimamente ligado al territorio donde se elabora o sea que es fácil encontrar vínculos  entre el vino y los demás aspectos.

Dicen que el enoturismo fideliza por naturaleza y que cada estación del año esconde en el viñedo sorpresas al visitante. Para ti, además, está ligado también a los eventos que tienen lugar alrededor del vino. ¡Hay tantos! Urge un calendario…

Los eventos son una forma extraordinaria de realizar una auténtica inmersión en una zona de vinos. Muchas bodegas de un mismo lugar dando a catar sus productos, actos y actividades especiales, mucha gente con quien compartirlo… Quizás no llegaría a decir que es necesario un calendario, pero si que vale la pena fijarse en las celebraciones populares que hay en los días de nuestro viaje porque las experiencias acostumbran a ser muy satisfactorias, también.

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