Experiencias

marzo 27, 2016

El planeta rojo 

El imaginario colectivo ha visto los Bloody Mary preparados en pijama. Justo antes de la ducha. En el momento que se abren las ventanas. Y entra el rojo. Entra la mezcla de zumo de tomate muy frio. Vodka helado...

bloodymary

Rojo. Pero no sabes si es de amanecer o atardecer. Rojo porque el Bloody Mary es el arma reparadora de las resacas. Pero sí, es rojo. Eso es lo único que está claro. 

Podría ser que el Bloody Mary lo inventara un barman del Harry’s New York Bar de París. Puede ser. Partes iguales de vodka y zumo de tomate. Puede ser que a unos sedientes norteamericanos les recordara el carmesí de una camarera de Chicago a la que silbaban Bloody Mary. Pueder ser que el rojo líquido le recordara a todo el mundo a Maria I de Inglaterra (María Tudor) quién hizo correr sangre y la temían susurrando el apodo de escarlata mortífera: Bloody Mary. Todo puede ser. Porque incluso el escritor Ernest Hemingway se vanagloriaba de haber introducido el Bloody Mary en Hong Kong en 1941. El santo bebedor dijo que el Bloody Mary fue el principal factor que hizo caer la colonia británica ante el ejército japonés. Todo puede ser porqué el Bloody Mary te despierta. 

El imaginario colectivo ha visto los Bloody Mary preparados en pijama. Justo antes de la ducha. En el momento que se abren las ventanas. Y entra el rojo. Entra la mezcla de zumo de tomate muy frio. Vodka helado. Unas  gotas de zumo de limón; otras de tabasco. Y una de salsa Perrins. Un pellizco diminuto de sal; otro de pimienta y el último de sal de apio. Todos para uno y uno para todos. Frío, contundente, absorbente.  Sin vuelta atrás. Hasta el final. Hasta despertar. Hasta que no sepas si amanece o atardece. Sólo que el planeta es rojo.

Etiquetas

Bloody Mary