Experiencias

abril 24, 2016

El playlist de la ciudad

Los ruidos son la banda sonora de las urbes. Cada sonido es una playlist. El gimlet nace escuchando la sinfonía eterna de la épica urbana. Cuando sonaba la ciudad él ya estaba aquí.

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¡Biiip! ¡Biiip! Rrrrrrrr! ¡Crac! ¡Pop! ¡Zas! La ciudad habla. Ruge. Ñam-ñam. La ciudad tienene hambre. Devora. Bocados de realidad. Los ruidos son la banda sonora de las urbes. Cada sonido es una playlist. El gimlet nace escuchando la sinfonía eterna de la épica urbana. Cuando sonaba la ciudad él ya estaba aquí. 

Dicen que ya se oían sus sorbos en 1928. Lo bebían los carpinteros. Esos constructores de las ciudades modernas que usaban un “gimlet”: una barrena de mano. La pequeña herramienta para hacer agujeros pasó al estómago. Ginebra (o vodka) y lima. Penetrante. Como un destornillador. Directo como el sonido de una bocina que busca llegar a todas las calles. Clarísimo como un skyline atrapado entre el sándwich de edificios. El gimlet es un playlist urbano.

En el gimlet está toda la ciudad: el blanco y el negro; la luz y la sombra; las contradicciones; las ambigüedades; los contrastes; las oposiciones; las combinaciones; las permutaciones; los ruidos y los silencios; las pistas de sonido de la banda sonora. El gimlet se lo mira todo en fuera de campo. Está detrás de la puerta. Y escucha los rugidos de fuera. Los ¡Biiip! ¡Biiip! Rrrrrrrr! ¡Crac! ¡Pop! ¡Zas! Que corren veloces destornillando la puerta. Hacia la copa. Hacia la penetración de la libertad cuando hace ¡Boom! en silencio.

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Gimlet