Orígenes

marzo 08, 2017

Ellas

“Quan et disposis a beure vi, rei, recorda que estàs bevent la sang de la terra” Plini el Vell

La vitalidad y la energía de los elaboradores de vino y cava de este país no tiene límites. Aún recuerdo el día en que a las 8h de la mañana la abogada Gemma Torelló llamó a mi puerta, en Barcelona, para entregarme en mano el libro “Cava, on vas?” escrito por su mentor y padre, Agustí Torelló Mata. Incluía dedicatoria personal, cosa que agradezco porque no he tenido aún la oportunidad de conocerlo. En el volumen, Agustí Torelló cuenta con una libertad admirable la historia del cava y analiza el momento que vive el sector. En muchas páginas, hay elogios; en otras, reproches. Casi 150 años de vida desde la primera botella elaborada en Sant Sadurní d’Anoia dan para mucho. Se adivina desde pronto que el cava es el mundo que se lo ha dado todo y reconoce desde el comienzo del libro a sus referentes: “Nascut en una nissaga de músics i sastres, m’estreno amb tretze anys a Recaredo, al costat de l’oncle, i passo fugaçment per Codorníu”, escribe Agustí Torelló Mata en los primeros capítulos.

Podría dedicar todo el artículo a desglosar unas páginas personales e intransferibles, pero me quedo con el homenaje que dedica a las mujeres valientes que, tras la Guerra Civil Española, tuvieron la determinación de emprender en el sector del cava a pesar de haber enviudado y de las consecuencias económicas y sociales derivadas del conflicto. “Les dones no s’espanten quan han de tirar del carro”, afirma Agustí Torelló Mata en el capítulo que les dedica. Resalta la figura de Montserrat Fatjó Tintorer (Codorníu), Dolors Sala Vivé (Freixenet), Isabel Ordi Soldevila (Rigol) y Ramona Roig Manobens (Montesquius). Las cuatro “tuvieron un papel relevante y se situaron, sin complejos, delante de sus respectivas empresas”, remarcará Torelló, en un capítulo que también narra la aparición de nuevas cavas en Sant Sadurní d’Anoia y el abandono del vino gasificado.

*Autora: Ruth Troyano

Si aquellas mujeres fueron decisivas, hoy, en otras circunstancias muy distintas, lo son otras. Y una de ellas es Gemma Torelló que, no sólo sabe dónde están los límites jurídicos de cualquier proyecto vitivinícola (algo a lo que se dedicó profesionalmente durante mucho tiempo), sino que ahora gestiona la empresa familiar y la comunica como nadie. Es una gran anfitriona y los que la conocen destacan de ella su generosidad. Forma tándem con su hermano Álex, director enológico de ATM. Un binomio imbatible que no sólo se reivindica en la bodega, sino también fuera de ella. A Gemma le gusta recibir a sus amigos en Sant Sadurní. Allí es fácil entender los vinos y cavas que elaboran, pues el viñedo cuenta parte de la historia, pero es consciente que a veces los desplazamientos son un hándicap cuando las catas son, por ejemplo, nocturnas. Por ello ha optado por acercar la capital del cava a Barcelona con la organización de catas privadas en su casa, en la onceava planta de un edificio situado en el barrio de Sarrià con vistas maravillosas de la capital. En la terraza, una pared lateral reproduce los viñedos de ATM. En el interior del piso, en el distribuidor, una de las calles principales de Sant Sadurní en el siglo pasado.

*Cedida

La decoración combina calidez y modernidad. Y no deja a nadie indiferente. Apetece quedarse. Llama especialmente la atención la iluminación con botellas de cava Kripta recicladas. Ahora halos de luz que iluminaran una mesa en la que no faltan buenas copas, muestras del terruño del Penedès ni tampoco aceite de oliva virgen extra que produce una amiga de Gemma.

La selección de invitados va a su cargo. Todos son amigos, de distintos ámbitos profesionales, que acuden a la cita advertidos que se trata de una prueba piloto. Gemma Torelló está decidida a programar las catas con periodicidad una vez analizada esta primera. “Más que catas, queremos hacer tertulias, en un espacio curioso y divertido”, cuenta. Los elaboradores saben que hay que acercarse al consumidor final y entablar conversaciones sinceras y desenfadadas. El cava es la excusa, o mejor, el alimento que cohesiona las relaciones. Y eso ocurre precisamente una noche fría y lluviosa de febrero en la que periodistas, cineastas y empresarios se divierten, se conocen… El cava les envuelve a todos en conversaciones múltiples y paralelas.

*Cedida

 

La cata la dirige Álex con maestría. Para los saludos de bienvenida, sirve Xic 2016, un monovarietal de xarel·lo de viticultura ecológica, fresco, ligero y muy apetecible. Con una etiqueta muy pensada para cautivar a los nuevos públicos.

La cata empieza con todos los invitados sentados alrededor de la mesa principal. Gemma da cuenta de la iniciativa y Álex va a ir enumerando las distintas referencias que ha preparado para la cata. “Nuestros cavas son ágiles de beber”, afirmará. A veces le cuesta intervenir porque la complicidad de cada uno con el de al lado invita a conversaciones cruzadas. Pero se le presta atención rápido; nadie quiere perderse los detalles de cada referencia. Para cada cava, un plato, des del pan con tomate al sushi, el repertorio no sólo es rico sino diverso. El cava es gastronómico por naturaleza. La cita debería acabar a las 21h pero son las 23h y el grupo aún sigue en ello. El interés no entiende de horarios. La cena avanza entre cata y degustación con un amplio abanico de referencias:

  • Rosat Trepat Brut Reserva 2014
  • Brut Reserva 2012
  • Brut Nature Gran Reserva 2010
  • Barrica Gran Reserva 2011 – Un excelente monovarietal de macabeo que presentaran a la nueva categoría de cava de paraje calificado 
  • Kripta Gran Reserva 2008
  • Kripta Gran Anyada 2006

*Autora: Ruth Troyano

La  generosidad en tiempo y cava es máxima. Nos detenemos en Kripta para contrastar dos añadas, una de ellas emblemática. “Queremos que la añada imprima su carácter en cada vino; no parecen salidos de los mismos viñedos, son dos expresiones totalmente distintas, la climatología es determinante”, advierte Álex. Así es. Éste es el cava que soñó Agustí Torelló Mata y lo disfrutamos una noche de invierno en Barcelona por partida doble. Kripta nace en 1979 y entonces costaba 1.400 pesetas.  La delicadez del viñedo viejo de xarel·lo, macabeo y parellada seduce. Por fuera, la botella es coherente con el cava que esconde; un diseño rompedor que homenajea las ánforas romanas con etiqueta del artista Rafael Bartolozzi. “La petita història del Kripta està tocada per aquesta mena d’embruix que fa que un cava inicialment pensat per al gaudi de la familia i els amics, s’obri al paladar de tots aquells que tinguin la sensibilitat d’apreciar-lo”, cuenta Agustí Torelló Mata en el libro. Podemos confirmar  su revelación final: “No és un cava per guanyar-se la vida; més aviat busco que sigui una font de satisfaccions (…) un cava que vol seduir les divinitats, però sobretot la sensibilitat dels humans que saben apreciar un producte amb vocació d’excel·lència”.

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DOP Cava xarel·lo