Orígenes

octubre 18, 2016

En las periferias del vino, se habla del corcho

Magistral ponencia del sumiller Josep Roca en el simposio anual de los Museos del Vino celebrado en Palafrugell: “En el corcho hay vida”

FDF68063327

El corcho es un trozo de paisaje, es un objeto de minuciosa orfebrería, tiene una base natural”. Lo dirá con la misma serenidad con la que ha llegado – ¡el primero! a la sala donde pronunciará la conferencia, a pesar de la intensidad y de su apretada agenda – 5 ponencias en una semana – y de la lluvia. Ajusta detalles técnicos de la presentación visual y sonora que le acompañará y hará vibrar al auditorio. Atiende a la televisión local y lanza miradas tímidas e intermitentes des del escenario al público asistente.

La cita es en el Museu del Suro de Palafrugell. Un jueves a las 9 de la mañana. En el marco del Simposio anual de los Museos del Vino en España. Una oportunidad para poner en valor las periferias del vino. Y en Girona, el corcho, lo es, sin lugar a dudas. Una potente industria demasiado invisible a pesar del valor técnico y ambiental del mismo. Emovins, la empresa que coorganiza el evento, lo tiene claro desde hace tiempo. Poco a poco el convencimiento se extiende entre los agentes del sector y los asistentes podemos no sólo aprender sino además disfrutar de la sabiduría y sensibilidad de profesionales como el sumiller Josep Roca acerca de temáticas muy distintas. El vino es el hilo conductor.

*Foto: Ruth Troyano

El corcho es una pieza capital del paisaje. El corcho y el viñedo saben protegerse del fuego”. Lo cuenta como lo siente. Quizás por ello toda la ponencia discurre en un tono poético. Es el sumiller de las pausas, de las emociones, de la humildad, del respeto. De las palabras justas y necesarias. En sus silencios, hay mensaje también. Su discurso es un recital convincente: “Estoy mirando un corcho, el corcho es algo que tienes próximo”, reconoce ante la evidencia, como camarero de vinos que le gusta autodenominarse.

Le oí decir hace tiempo que “el corcho es el primer confidente del vino”. No hay metáfora más bella para una minúscula parte del paisaje que se mimetiza con otra, la líquida. En Girona, Pitu Roca defiende también que “el corcho es el guardián del tesoro. Emana de una poderosa superficie vegetal. El corcho pide lentitud y espera”. Es una pasión paciente, como la de elaborar vinos de larga crianza a sabiendas que con el tiempo, el placer crecerá exponencialmente.

El tapón de corcho es fruto de un oficio de artesanía. En el corcho hay vida, en la rosca y los sintéticos, no”. Josep Roca puede y debe decir lo que opina. Es claro y contundente en sus afirmaciones. Lo cree y lo comparte. Con respeto, siempre. Y añadirá además: “El corcho nos dice cuánto y cómo valora el vino la persona que lo ha hecho. Si le da poca importancia al corcho, también le da poca al vino”.

*Foto: Ruth Troyano

El sumiller del Celler de Can Roca acaba de publicar en la editorial Destino – junto con Imma Puig - el libro “Tras las viñas” y en él ahonda en la vertiente más humanista del mismo. Cuenta que “el vino se parece a la gente que lo elabora. Hay vinos pesados, orgullosos, ligeros…”. Y pasa igual con el tapón de corcho: “Hay tapones largos, estrechos, de distintas categorías… Y nos cuentan cosas sobre la persona que ha elaborado el vino”, advertirá.

La conferencia irá más allá del corcho, que en Girona tiene una industria potente que reclama la atención de todos y en especial de las bodegas que aún miran demasiado a Portugal. Bajo el título “Vinos Sentidos” Josep Roca repasará parte de su trayectoria en el Celler de Can Roca que cumple 30 años de vida. En el laureado restaurante, no sólo se sirven los vinos sino que se guardan con esmero y se homenajean a diario. Insiste Pitu Roca, y muy acertadamente, que el vino se dice, se cuenta y se siente… Hablará de las regiones de vino que más le han influido en su trayectoria y de las que se declara un admirador más. Des de Alemania con sus Riesling, hasta Bourgogne, Bordeaux, Priorat – que definirá “como el violoncelo juega en la oscuridad- o Jerez – “los vinos de jerez tienen la misma complejidad que los palos del flamenco”. A cada frase, un titular y llega ese momento sublime que parece imposible para un jueves aún no las 10 de la mañana: la voz  inmensa de Sílvia Pérez Cruz cantando el poema de Maria Mercè Marçal “Covava l’ou de la mort blanca” para presentar uno de sus vinos sentidos, un Lledoner de 1961 de la familia Serra en Cantallops. La voz humilde, sublime, respetuosa y brillante de Sílvia volverá para cuando Pitu mencione los vinos viejos de Oporto y entonces el ritmo será de fado. “El arte no tiene límites” afirma con convencimiento. Y no hará falta decir más, porque el auditorio, lo comprende y lo siente.

Pitu embruja, como el flamenco de Paco de Lucía que le provoca a él la misma sensación. Agradecemos que no sólo se dedique a servir grandes vinos sino que busque “conexiones con otros campos” y nos las cuente de manera tan bella, como en el Museu del Suro de Palafrugell. Sus conferencias parecen cuentos y no falta disciplina artística para embellecerlos. Manuel de Falla, Chucho Valdés, Verdi… Engrandecen su sabiduría y modulan su tono: “Los vinos no mueren, ser reinventan, pasan del yodo al verde al final de su vida”. “El vino dinamiza el tiempo” recuerda una vez más. Y terminará pidiendo a todos “rigor, emoción y creatividad” en los respectivos puestos de trabajo como él intenta en el suyo, el de sumiller o camarero de vinos. Antes, habrá tenido unas palabras inspiradoras para los de su profesión: “Nunca debemos dar lecciones. Somos narradores de cuentos. Debemos contar historias”. Y lo más importante: “Sentirnos ilusionantemente ignorantes”.

*Foto: Ruth Troyano

Su conferencia es generosa e invita a desaprender para volver a aprender. Quizás por ello entre vinos sentidos cita Valentía 2015 del enólogo Salvador Batlle, de Còsmic Vinyaters. Pitu se sincera y ahonda en su mensaje: “La persona está dentro del vino. Porque pone su vida y su atención en él. El vino puede ser fruto de una educación, de una ruptura…” y de tantas cosas bellas, frágiles e impensables como estemos dispuestos a oír y beber.

Por cierto que además del corcho, en el Simposio se habló de arqueología, de diseño, de distribución, de vidrio. El mundo del vino, ya ven, es apasionantemente extenso.