Mise en Place

abril 10

La guerra (y paz) del hummus

El conflicto entre Israel y Palestina tiene muchos frentes, y uno de ellos es el gastronómico. Árabes y judíos se disputan la posesión de Tierra Santa y también la paternidad de su plato estrella: el hummus.

Palestinos e israelíes llevan décadas luchando por cada metro de tierra entre el Mediterráneo y el Jordán. Se enfrentan por cada pueblo, cada lugar santo, cada árbol… Y cada plato. La guerra por Tierra Santa también se vive en la trinchera gastronómica y su batalla más importante es la del hummus.

Esta pasta de garbanzos, tahina (sésamo molido) y aceite de oliva está íntimamente ligada a Próximo Oriente. El hummus se ha preparado y comido con devoción durante siglos en el Líbano, Siria, Palestina e Israel. Se toma para desayunar, comer o cenar. Como acompañamiento o plato principal. Solo, con carne, con especias, con pan… Es una auténtica religión tanto para musulmanes como para judíos o cristianos.

Hummus3

En los últimos años, el hummus ha sido un motivo de discordia más entre israelíes y palestinos. En Tierra Santa casi todo se reduce a demostrar quién tiene mayor arraigo en la zona. Se supone que aquél que demuestre mayor vinculación con el territorio tendrá mayor derecho sobre él. Así que un plato típico del lugar, como es el hummus, es un elemento más para inclinar la balanza hacia uno u otro bando.

Entre los argumentos que se esgrimen los hay de tipo cultural, económico e incluso religioso. El principal, sin embargo, es el político. Para los palestinos, los intentos judíos de apropiarse del hummus son una muestra más del proyecto israelí de expulsar a los árabes de su tierra y robar sus posesiones e identidad. “Nos lo han quitado todo, y ahora también nos quieren dejar sin hummus!”, se quejan muchos palestinos.

En esta guerra, como en casi todas, también tiene un papel importante el vil metal. Israel vende hummus a espuertas, mientras que Palestina acostumbra a tener más dificultades para exportar tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. En 2012, Israel obtuvo 530 millones de dólares por la venta de hummus a los Estados Unidos. El Líbano, la otra potencia regional del hummus, se ha quejado durante mucho tiempo que el comercio israelí y su estrategia de apropiarse del hummus les ha perjudicado económicamente. Ya en 2008, las autoridades libanesas aseguraban perder 10 millones de dólares al año por la competencia judía.

Tratándose de Tierra Santa, la religión no podía faltar en la polémica. En este caso, es la comunidad judía la que recurre a argumentos religiosos para afianzar sus derechos sobre la receta del hummus. Algunos estudiosos israelíes aseguran que en el Antiguo Testamento ya se hace referencia al plato y que eso prueba su origen hebreo. Concretamente, el hummus aparecería en la historia de Ruth. En ella, esta joven dice a Boaz: “come del pan y moja tu pedazo de pan en el vinagre”. Según algunos expertos, la palabra ‘vinagre’ (Hometz en hebreo antiguo) estaría mal traducida y correspondería a ‘Himtza’ (garbanzo). Ruth y Boaz son, según la tradición judía, bisabuelos del rey David.

Los palestinos, por su parte, basan todos sus argumentos en una evidencia: la mayoría de la población de Tierra Santa antes de 1948 era árabe, y desde mucho antes de la creación del Estado de Israel, ya consumían hummus. Además, la mayoría de la población judía israelí proviene de la diáspora y su gastronomía es la de sus países de origen. Sobretodo europea y americana. Solo los judíos que llegaron desde países como Iraq o Siria preparaban el hummus, y lo hacían por provenir de zonas árabes.

Cada argumento en esta batalla es una arma arrojadiza que hace del hummus un plato de mal gusto. Sin embargo, y aunque la paternidad del hummus sigue dividiendo profundamente a israelíes y palestinos; su mutua pasión por este plato también les une mucho.

Es muy común, por ejemplo, ver a israelíes entrando en los mejores restaurantes de hummus, aunque estén regentados por árabes. Es el caso del restaurante Lina, situado en el barrio árabe cristiano de la Ciudad Vieja Jerusalén. Se encuentra a unos pocos pasos del Santo Sepulcro, el lugar más sagrado de los cristianos; y a unos diez minutos a pie del Muro de las Lamentaciones y la explanada de las mezquitas; los lugares santos de judíos y musulmanes, respectivamente. Por él pasan turistas extranjeros, árabes, judíos e incluso algunas de las numerosas patrullas israelíes que vigilan las calles de la ciudad.

*Restaurante Lina

También hay restaurantes israelíes, como el Hummus Bar de Kfar Vitkin, que buscan en el hummus una excusa para unir a israelíes y palestinos. Situado en este pequeño pueblo al norte de Tel Aviv, el restaurante ofrece descuentos a judíos y árabes que compartan mesa y hummus. “¿Te dan miedo los árabes? ¿Te dan miedo los judíos? Con nosotros no hay árabes ni judíos. ¡Con nosotros solo hay gente! ¡Y hummus, y falafel!”, reza un anuncio del local. La propuesta surgió en 2015, en medio de una oleada de violencia entre israelíes y palestinos.

El hummus tiene todas las propiedades para reconciliar a ambas comunidades: es halal y kosher al mismo tiempo; es vegetariano; es económico; es fácil de cocinar… Incluso, según dicen, tiene efectos afrodisíacos! ¿Es posible que la pasión por este plato acabe uniendo a dos pueblos tan divididos? ¿Tendrá la paz en Tierra Santa sabor a hummus?