Orígenes

abril 13, 2016

“Lo más interesante es ver cómo cada productor pone el alma del territorio y la suya propia en cada vino”

Qalidès se presenta en Monvínic como la locomotora de calidad de la región vinícola del Penedés

Es el debut del sumiller Jordi Carrascosa en Monvínic. Le da la oportunidad su amigo y colega de profesión, César Cánovas. Jordi reconoce que dirigir una cata en el templo del vino impone. Pero lo resuelve con eficacia y naturalidad. Presentará un sugerente repertorio de vinos de Qalidés, trazando un viaje por el terruño, la calidad y la diferenciación de las 14 bodegas de la DO Penedés que componen la asociación. “Son la locomotora de calidad de la denominación”, puntualiza Jordi, y añade que apuestan por “la innovación para ganar calidad en la producción”. Recuerda el sumiller que, diez años atrás, en conversaciones con el enólogo Gerard Jané, le advirtió: “Tenéis que hacer como en Alemania, crear un club de los mejores, un Verband Deutscher, Prädikatsund Qualitätsweingüte”. Y Gerard ya estaba en ello.

*Autor: Ruth Troyano

Promover la viticultura sostenible y ecológica, dar a conocer la personalidad de los vinos y promocionar el enoturismo con productos de proximidad. Con esta visión comuna se conjuraron quienes forman parte de Qalidés para trazar un camino colectivo. Y en Monvínic, con servicio impecable, lo comprobamos. Creo que para entender los vinos es importante encuadrar el contexto de su elaboración y poner rostro a las personas que lo hacen posible. Y Jordi estuvo muy acertado con el planteamiento de la cata. Además, como era de prever, hizo hincapié en el terruño, que es lo que reivindica Qalidés, haciéndose suya la definición acordada en la cumbre de la UNESCO en París, en 2005: “El terroir son espacios de vida y de innovación y los vinos de terroir expresan tipicidad y originalidad fruto de las interacciones entre factores naturales y humanos”. 

*Autor: Ruth Troyano

De Can Feixes, Jordi Carrascosa destacó su apuesta por la malvasía de Sitges, aportando frescor y acidez al vino en el ensamblaje de Blanc Tradició 2014 con 80% de xarel·lo. Es una muy buena aliada para el cambio climático. Sus dos hectáreas de malvasía y la producción en ecológico serán interesantes de observar, así como la investigación que llevan a cabo con la uva petit verdot. 

De Mas Comtal, bodega “mutatis romana”, destacó la figura necesariamente presente de Joan Milà. Catamos Antistiana incrocio manzoni 2013, que revela una marcada acidez de la variedad y nos marca notas terpénicas como el riesling. 

Con Terroja 2012 Castellroig, miramos hacia el terruño, que es terroso y de calicata, lo que marca sin duda el acento del vino. El monovarietal de xarel·lo de 90 años regala notas minerales, cuerpo, salinidad… Sin paso por barrica, el viñedo lo da todo. 

Sostenibilidad, investigación i exportación. Bodegas Torres trabaja en las tres direcciones y Fransola 2014, ensamblaje de sauvignon blanc y parellada, es un ejemplo. Frenar el cambio climático, preservar bosques y fauna y estudiar la recuperación de las variedades ancestrales como garró, selma, querol, pirene y gonfans. Mireia Torres, presente en la cata, relató la dificultad de encontrar el punto de equilibrio de maduración debido al aumento de temperatura. 

Con Gramona nos adentramos en el xarel·lo vermell con Roent 2014, con la piel más gruesa y más rojiza que el xarel·lo normal, lo que acaba trasladando al vino más cuerpo, también por la fermentación en tonel de madera. Notas anisadas y estrelladas de fondo.

De nomenclatura también romana, Avgvstvs Fórum, apuesta por las microvinifcaciones y acostumbra  a mezclar uva de la parte central y litoral del Penedés para ganar frescura en sus vinos. Su monovarietal Chardonnay 2011 que pasa por barrica reúne notas lácticas y marcada acidez. Subiendo en altura se puede competir contra el cambio climático.

De un proyecto familiar a uno que reúne amigos. En Mas Candí están realizando el paso de ecológico a biodinámico. Los enólogos se formaron en la Borgoña y son además grandes catadores –el concurso por parejas de Vila Viniteca es su fuerte. Quatre xarel·los 2014 reúne en la botella una misma uva vinificada de distintas maneras. También con ellos llega la experimentación con variedades patrimoniales: mandó, sumoll, roigenc, tornat, mònica y cannonau.

La cata de tintos la abrió Belat 2009, de Albet i Noya. Una delicadeza con grado alcohólico matizado de la que solo salen 500 botellas al mercado. Tanino fino, notas anisadas y especies. Carrascosa lo definió como un vino “magnético”.

De Jané Ventura catamos el sumoll 2013 – sumoi – que vendimia en 2-3 pasadas para conseguir más longitud de la variedad. Sólo se elabora 3 de cada 4 años, en un trabajo muy laborioso como el que nos tiene acostumbrados a presentar Gerard Jané. Para él, sumoll es “una variedad de alto valor cultural porque 50 años atrás ocupaba una parte importante del viñedo en Penedés”. Es un regalo en boca a pesar de su presupuesta rusticidad. 

Turó de les Abelles 2012 de Finca Viladellops nace en el Massís del Garraf de suelos calcáreos, radicalmente distintos a los del Penedés más clásico. Es un coupage de garnacha y syrah. Uvas que padecen mucho en la cepa, para dar después su mejor expresión en botella. 

Hisenda Miret 2013 de Parés Baltà es un monovarietal de garnacha tremendamente delicado, ancho y seductor en boca. Una bodega liderada por enólogas que tiene claros sus horizontes y demuestra una gran versatilidad en la elaboración de vinos.

La concentración y el carácter los encontramos rápidamente en Aspriu 2011 de Pardas, un monovarietal de cabernet franc que se debe al terruño. A las arcillas profundas y gravas donde crecen los viñedos, al lado del rio Bitlles, en la finca “La Barraca”.  

Y la cata llega casi a su fin con Caus Lubis 2004, el monovarietal de merlot de Can Ràfols dels Caus. Un vino tremendamente agradable, biodinámico, que sólo sale al mercado tras pasar 8 años en botella. Levaduras autóctonas y fermentación maloláctica espontánea le añaden autenticidad, personalidad y complejidad. 

Vinya La Scala 1975 de Jean Leon (85% cabernet sauvignon i 15% de cabernet franc) pone el broche de oro a la velada. Nos indica Jordi Carrascosa al inicio de la cata que el Penedés es tierra de vinos des de hace 2.700 años, ya en tiempo de los fenicios. Este vino nos permite conectar con aquellos que vendimiaron y que lo hicieron posible cuatro décadas atrás. 

Es el vino que ordenó servir Ronald Reagan en la cena de gala tras su nombramiento como presidente de los Estados Unidos. 40 años después, el vino sigue vivo, con apasionantes aromas de fumados, regalices… Y la nariz prodigiosa de Jordi Carrascosa apunta también al curry. Con sólo el 11% de volumen, nos sorprendió su larga vida y abrió el debate en la sala de si seremos capaces de, con más graduación, llegar igual de lejos. Además de Mireia Torres, también el presidente de la DO Penedès, Josep Maria Albet, y Marcel Sabaté de Castellroig, asistieron a la velada. 

Un gran acierto plantear “el descubrimiento de los secretos de Penedés” y hacerlo de la mano de César Cánovas, sumiller y brand ambassador, que nos ofrece una visión muy interesante de la asociación en esta entrevista:

LA ENTREVISTA

*Autor: Ruth Troyano

El Penedés es uno de los territorios más interesantes ahora mismo en Cataluña por iniciativas como la de Qalidès? 

Como siempre, las cosas no tienen una sola razón. Por una parte es importante destacar el impulso que han dado jóvenes viticultores, que han decidido cuidar las fincas familiares y dejar de vender la uva a otras bodegas, elaborando sus propios vinos con criterios de calidad. Otros, sin embargo, recuperan viejos viñedos, variedades de uva poco reconocidas hasta ahora como el sumoll o la Malvasía de Sitges y, además, hay una apuesta decidida por el xarel·lo. Otro factor que beneficia al Penedés es la DO Catalunya, que lo hace más pequeño con consciencia de calidad y territorio. También el reconocimiento de distintas zonas que aportan diversidad a los vinos, la apuesta de muchos viticultores por la agricultura ecológica y, hasta incluso, saber aprovechar los viñedos plantados en los años 1980 y 1990 con variedades foráneas para investigar y elaborar vinos de calidad.  

De los vinos catados en Monvínic, ¿cuál te sorprendió más y por qué? 

La verdad es que los conocía prácticamente todos, lo que te hace perder el factor sorpresa. Pero lo más interesante es ver cómo cada productor pone el alma del territorio y la suya propia en cada vino. Me gusta mucho la textura rústica de Torroja de Castellroig, contrapuesta a su nariz perfumada y delicada, un xarel·lo con personalidad. Aspriu tinto de Pardas siempre me ha parecido uno de los vinos más equilibrados y elegantes de Penedés. Pero seguramente lo más emocionante es catar un Jean Leon de 1975, la prueba viva de que en Penedés se pueden elaborar grandes tintos de guarda.  

¿El camino a seguir por el vino catalán es la autenticidad, la diferenciación en el territorio y la mirada respetuosa al terruño? 

Todos ellos. El mundo está lleno de buenos vinos, de extraordinarias bodegas y de grandísimos productores. Para mi es ridículo aspirar a ser mejor que otro. La única aspiración interesante consiste en ser tu mismo, en ser auténtico y fiel; cuidar y respetar lo que has recibido para poder dejarlo en condiciones a aquellos que vendrán detrás de ti.  

¿Nos puedes avanzar alguna cata que tengáis prevista en la misma línea del de Qalidès? 

En mayo tenemos prevista una vertical de uno de los vinos espumosos más carismáticos del país, uno de los vinos que marcan la tendencia de los que han de ser los grandes espumosos de Cataluña. Celler Batlle de Gramona es fruto de un viñedo especial, trabajado con cuidado y respeto, de una vinificación meticulosa y de la paciencia y del tiempo necesario para que un gran vino llegue a dar lo mejor de sí mismo.  

*Autor: Ruth Troyano

La cata terminó con el ánimo, de todos, encendido y la apasionante agilidad de la cocina de Monvínic, visible ahora des de la sala de catas.  Y el tránsito entre ésta y la salida se convierte en un sugerente viaje por aromas –e intuición de sabores-, aliñado con la conversación cálida de Antonio Giuliodori e Isabelle Brunet, a pesar del ritmo frenético de un lunes. Bar y restaurante animados a la par. Copas de vino. Magia.

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