Experiencias

agosto 09

Prost! por Karl Schaefer y la cultura del vino

Justo antes de empezar las vacaciones de verano, el Instituto Goethe en Barcelona organizó una Jornada Cultural del Vino alemán y catalán.

*Cedida

Además de aprender sobre la uva Riesling – “la gran dama blanca” - gracias a grandes especialistas como el sumiller Lluís Pablo, importador de vinos y socio fundador de Gourmet Hunters, los asistentes pudieron descubrir proyectos enológicos muy interesantes y no sólo por los vinos, la creatividad, la sostenibilidad y la innovación con la que están siendo elaborados, que también.

La bodega Karl Schaefer tuvo la oportunidad de presentar en el Instituto Goethe su proyecto situado en la zona de producción de Fuchsmantel durante la sesión teórica, antes de la cata. Estoy convencida que si su discurso fuera el mayoritario, no nos lamentaríamos tanto de la falta de cultura de vino que hay en nuestro país. Creo que acertó  plenamente en lo que debería ser el oficio y la pasión de elaborar vino en pleno siglo XXI. Su propietario Job von Nell dejó claro los tres motivos por los cuales cultivan las vides y remarcó el orden: 1/ para conservar el paisaje que les rodea, 2/ para elaborar un alimento sano y seguro (el vino) 3/ como actividad comercial y empresarial, para vivir, en definitiva. La derivada económica, en tercera posición. Tan lícita como las dos primeras, pero tan importante que vaya a continuación suyo. La argumentación que sigue lo justifica: “We regard ourselves as intermediaries between nature and our customers. You should be able to taste the terroir of our wines. We allow things to take their natural course, but we do dictate the broad approach to be followed. With careful cultivation and processing of the grapes, we guide the transformation of the must into wine. This is our contribution to a unique encounter between nature and humans!”.

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Lógicamente, en Karl Schaefer siguen las directrices de la Unión Europea para desarrollar una viticultura orgánica en los viñedos, aunque con variaciones que les hacen también especiales y únicos. Por ejemplo, utilizar aditivos naturales - “Urgesteinsmehl” y “Effektive Mikroorganismen” - para mantener fértiles y sanos los suelos donde crecen las vides. Pero la innovación y la preocupación por la salud y la calidad del vino no está solo en el viñedo. En la bodega hay un trabajo preciso al que suman una dimensión cultural poco extendida, pero que la intuición nos dice que seguro que es acertada y adecuada:  “As we believe that music influences organisms, bodies and souls positively, we play music in our historic cellars and even if we can’t certainly proof that there is any influence on our wine, we can confirm that it positively influences the mood of our team!”. Humor no les falta y sentido de responsabilidad hacia el conjunto del territorio, tampoco.

Además de elaborar grandes vinos y pertenecer desde hace más de 100 años a la prestigiosa asociación de productores  de calidad VDP -Verband Deutscher Prädikats-, en Karl Schaefer reservan una parte de sus 18 hectáreas de viñedo en Palatinado para que los escolares de secundaria de un centro educativo puedan aprender en ellos mucho más que a elaborar vino con la uva autóctona, la polifacética y admirada Riesling. “Como elaboradores de vino, la actividad con más influencia en el entorno que realizamos es la colaboración con la escuela Heisenberg Gymnasium que permite a sus alumnos aprender de responsabilidad y cultura en el viñedo, además de introducirlos en el mundo apasionante de la elaboración de vinos”, cuenta Mark Hartmann, responsable de comunicación de Karl Schaefer.

“El trabajo en el viñedo es especialmente valorado por nuestros alumnos y por el conjunto de la comunidad de nuestra ciudad, porque a pesar de que vivimos cerca de zonas agrícolas en las que se elaboran vinos desde hace más de 2.000 años, muchas personas tienen aún un conocimiento muy reducido de la agricultura/viticultura. Muchos de nuestros estudiantes quieren saber más sobre el alimento que es el vino y que es sustento de la economía de la región. Y realmente es fantástico ver cómo lo pasan bien y cómo se esfuerzan en sus prácticas para crear un Riesling muy especial (Spielberg, Riesling, VDP Erste Lage)  Dr. Max Groh, Werner von Heisenberg Gymnasium in Bad Dürkheim.

* Escuela Heisenberg Gymnasium. Cedida

El proyecto “Weinbau am WHG” se desarrolla desde el año 2013 y permite a los estudiantes elaborar su propio vino durante el curso escolar. Tras la graduación, reciben individualmente una botella. Las unidades que no se reparten en el aula, se ponen a la venta para recaudar fondos para distintos colectivos necesitados: un refugio de mujeres en 2014 (800 euros), ayuda para los refugiados en 2015 (1.000 euros) y en 2016 se invirtieron en el hospicio de una asociación (2.000 euros). Todas las entidades están en Bad Dürkheim  -el municipio de la escuela- y no puede decirse para nada que el vino no sea ni social, ni solidario, ni sostenible…

Los profesores que han impulsado la iniciativa cuentan que no se trata sólo de que los alumnos aprendan sobre producción agrícola y conservación del espacio natural. Añaden: “También aprenden de análisis bioquímico, de marketing, de relaciones públicas, de diseño… De manera integral el proyecto les permite aprender de relaciones económicas, creativas y científicas”. Además refuerza la presencia de la escuela en una zona de vinos alemana y despierta el interés de los residentes por el sector. Los profesores del Heisenberg Gymnasium cuentan con orgullo que el proyecto “promueve la solidaridad de los estudiantes hacia su ciudad, su región, su escuela y les permite apreciar que el alimento que se elabora en Bad Durkheim es de indiscutible calidad”.  

Los gerentes ven un potencial educativo enorme en el proyecto y lo afirman reiteradamente. “También las llamadas habilidades blandas se trabajan en el viñedo: el trabajo en equipo, la puntualidad, la voluntad, el esfuerzo físico…”.

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Al final, la sensibilidad y el interés por la tierra parten de la educación. Y en cultura del vino es tan necesaria… No sólo la filosofía, la ecología y la vertiente educativa de Karl Schaefer sorprendieron en la jornada organizada por el Instituto Goethe de Barcelona. También su estrategia comunicativa. Los vinos se cuentan por momentos y personas. “Mostrar y enseñar el placer de beber vino está entre nuestras prioridades y no tiene nada que ver con el conocimiento sino con las ganas de pasarlo bien. El vino debe ser valorado como una compañía maravillosa en determinados momentos y los clientes deben sentir la pasión del enólogo y la calidad del vino”, cuenta Hartmann. “Somos parte de una comunidad y abrimos la bodega llena de música y de luces de color para que la visiten, hasta incluso las zonas más antiguas, del siglo XVII”.

*Cedida

Un Riesling Trocken puede ser una buena opción para una noche de verano, pero para sofocar los calores diurnos la mejor opción, como indican en Karl Schaefer, es el rosado de uva St. Laurent. Y si puede ser, con los pies en remojo en la piscina con más glamour del vecindario… Sino, siempre nos quedará la playa.

 

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