Experiencias

agosto 16

ROM: diferente, con carácter y lleno de personalidad

"¿Dónde vamos a comer? A algún lugar que tengamos pendiente de descubrir y dónde podamos comer un buen arroz del señorito". Esta era la premisa del pasado sábado.

Cogemos el coche y nos dirigimos hacia el Empordà. Cumpliendo todas las indicaciones que nos habíamos marcado no había lugar a dudas, teníamos que hacer parada y fonda en el ROM de Roses. De camino hacia Roses llamamos. ¡Tenemos mesa!

Hemos llegado. Está situado en primera línea de mar, entre la playa Salatar y la playa de Roses, y a diferencia de los edificios y grandes hoteles que caracterizan la fachada marítima de Roses, lo detectaréis fácilmente por sus parecidos rasgos a una masía reformada que parece haber sido trasladada allí desde el campo o desde un pequeño pueblo de pescadores.

Autora: Núria Escalona

Traspasamos el camino que va de la entrada del paseo hacia la masía. A la derecha dejamos una terracita que debe ser ideal para hacer el aperitivo o disfrutar de una cena de verano a la fresca. Nosotros entramos dentro y seguimos descubriendo el espacio que de entrada no deja indiferente. No es demasiado grande, pero está cuidado al más mínimo detalle. La cocina impera y se hace visible desde diferentes puntos. Ante la puerta está la entrada y salida de camareros comunicando la cocina con la sala con un pequeño pasillo presidido por una cava de cristal que nos permite ver los vinos que posteriormente encontraremos en la carta. Pero también podemos seguir viendo la cocina desde el pasillo que nos conducirá hacia el pato trasero o los baños y, indudablemente, desde la barra que da servicio a sala. La sala es moderna y acogedora, nada recargada. Tiene ciertos toques industriales como el hierro de las patas de las mesas o la gran bancada que hay bajo un gran ventanal que nos permite disfrutar de las vistas al mar. El banco me tiene enamorada, es muy cómodo y me recuerda a los bancos de estación en los que me sentaba cuando de pequeña cogía el tren con mi padre. Se nota que todo se ha hecho a medida y ha habido dedicación. Sólo os digo que si os gusta la decoración de interiores, aunque no es un tema de interés comestible, no dejéis de pasar por el baño.

*Autora: Núria Escalona

Tomamos asiento. Tenemos claro que pediremos arroz, pero no puedo evitar leer la carta de arriba a abajo e inminentemente saber que deberé volver a vistar el ROM porque con una sola vez no será suficiente para disfrutar al completo de su propuesta. Además, más allá de la carta, también hay productos fuera de carta que varían en función de cómo haya ido la pesca de la zona.

Haremos el arroz seco con gambas, pero antes probaremos los calamares a la romana y los buñuelos de bacalao con miel y piñones. Todo ello muy costero porque es lo que veníamos a comer, pero lo cierto es que la carta da para hacer muchas combinaciones. Incluso podemos encontrar patatas de Olot -y más adelante os desvelaré por qué-.

*Autora: Núria Escalona

*Autora: Núria Escalona

*Autora: Núria Escalona

Los calamares a la romana no tienen ningún secreto, pero a la vez los tienen todos si te gusta comer unos buenos calamares a la romana. Viniendo de familia de pescadores, fuera de casa los como en muy pocos sitios y os puedo decir que en el ROM tienen un corte y un mordisco en seco con un rebozado nada aceitoso, dos claves de cómo deben ser cuando son frescos y buenos. Los buñuelos de bacalao tienen el bacalao bien visible -los destaca mi acompañante- y van acompañados de miel y una fina línea de salsa de piñones. La una por encima y la otra por debajo, aportando un juego de contrastes muy divertido en el paladar. Y todo ello lo acompañamos con una copa de vino blanco de la Catalunya Norte llamado "Les hauts de median" de la bodega Aurélie Trébuchon.

Y después de este aperitivo, llega nuestro arroz. "¿Se lo servimos o lo dejamos en medio de la mesa?", pregunta la camarera. "Indudablemente en medio de la mesa para hacer un mano a mano", contestamos. Y en este intercambio de palabras la sonrisa cómplice de la camarera nos indica que hemos optado por la mejor opción. El sabor es buenísimo y cucharada a cucharada dejamos la paella bien limpia y ni una gamba con cabeza.

*Autora: Núria Escalona

*Autora: Núria Escalona

*Autora: Núria Escalona

Hubiéramos podido cambiar de vino para comer el arroz, pero seguimos con el mismo. Tienen una carta extensa y atractiva. Está enfocada en los vinos de la D.O Empordà y en los de la Cataluña Norte, pero también podemos encontrar algunas referencias curiosas como el "Nice to meet you Donosti" de la D.O. Rías Baixas elaborada por Adegas Castrobrey, entre otros. De hecho, nuestra camarera con quien fuimos tejiendo complicidad a lo largo de la comida nos explicó cuidadosamente cómo y por qué su apuesta de bodega era aquella y no otra. Ruth Troyano, nuestra sumiller de cabecera en Gastrotalkers, hubiera disfrutado mucho.

Y llegó el festival de festivales, el postre. Tendré que ir tantas veces como postre hay en la carta o hacer una jornada de postres. Sólo podía comer uno y lo que leía en la carta, a la vez que iba viendo platos pasar hacia otras mesas, me impulsaba a quererlos todos y no saber cual elegir. Nos hubiéramos abalanzado al chocolate, pero con el estómago bien lleno optamos por un postre de piña deliciosamente trabajado.

*Autora: Núria Escalona

*Autora: Núria Escalona

Lo redondeamos con el café y un chupito de Ratafia de Olot deseando éxitos y larga vida al ROM y su fantástico equipo.

Pero... ¿quién hay detrás del ROM? ¿Por qué Olot es tanto presente? Tiene una sencilla explicación. Ni más ni menos que Pere Planagumà. El cocinero que estuvo más de una decada en la cocina de Les Cols de Olot -galardonado con dos Estrellas Michelin-, que con el ROM Roses ha decidido emprender su propio proyecto gastronómico de la mano de Alberto Lorenzo como jefe de pastelería (anteriormente a Les Cols) y Nico Ahumada como jefe de cocina (anteriormente en Mas de Torrent). Además les acompaña un excepcional equipo de sala que podéis ir conociendo a través de las presentaciones que han hecho en el perfil de Instagram del mismo restaurante.

La gastroaventura en Roses ha sido un buen regalo para estas pequeñas vacaciones estivales de 4 días. ¡No nos podíamos haber encontrado mejor! Pero la gastroaventura no ha terminado aquí. Habrá que repetir más adelante. El mismo Pere Planagumà nos explicó que tras la apertura del ROM Taverna (donde hemos comido), en unos meses, también abrirá el ROM Gastronómico en el piso superior. Este tendrá una propuesta totalmente diferente y contará con menú degustación. Un dos en uno que tiene en cuenta la cultura gastronómica del lugar y el toque personal del chef. Lo que a mí me gusta tanto, el tener en cuenta los origens, los del lugar de acogida (Roses) y los más intrínsecos y personales de quien lleva la batuta la cocina (Olot y todas sus vivencias). Lo que hace que el ROM Roses sea un lugar diferente, con carácter y lleno de personalidad.

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