Experiencias

diciembre 14, 2016

Sin tierra no hay luna

"Hemos querido extrapolar el sentimiento del restaurante a campo abierto”, comenta. Un gesto más de generosidad, al que se añade el sueño de alcanzar la luna.

Es la sexta o séptima exposición de la que soy comisario, pero ninguna de las anteriores ha sido como ésta”, reconoce el director de la Fundación Alicia, el escritor y gastrónomo Toni Massanés. “Es una ilusión y un privilegio. Hemos sufrido pero ha valido la pena”, descubre, ahora ya aliviado, el día de la inauguración

*Autora: Ruth Troyano

30 años de cocina vinculada a la Tierra, a la memoria y a la innovación se reúnen en los salones del Palau Robert de Barcelona. “De la tierra a la luna” es más que un título, es toda una declaración de intenciones. La exposición estará abierta hasta el día 23 de abril, festividad de Sant Jordi en Cataluña, y es un auténtico regalo para los sentidos. “Hace 150 años Jules Verne imaginó algo imposible, que tres personajes viajaran a la luna en un cohete”, cuenta el comisario de la muestra. Toni Massanés toma la literatura para lanzar un símil con el recorrido “ascendente” de los hermanos Roca, des de la cocina sencilla de una ciudad de provincias hasta situarse en lo más alto de la gastronomía  mundial. Es la cuarta exposición sobre la materia en el Palau Robert, pero seguro que marcará un antes y un después por lo profundas que son las raíces de la historia que ha encumbrado a Joan, Josep y Jordi al primer puesto de la revista “Restaurant Magazine” los años 2013 y 2015, así como por la gran aportación tecnológica que acompaña la muestra, con la ayuda de Samsung. Sólo en la entrada, los rostros de los tres hermanos se funden en un calidoscopio que reúne pasión, generosidad e ingenio. “En 30 años han conseguido la imaginación de Jules Verne”, afirmará Massanés para justificar la ascensión los Roca, que empiezan humildemente en el bar familiar, el mismo que da ahora la bienvenida en la planta baja del Palau Robert.

*Autora: Ruth Troyano

Las escaleras recogen en cada peldaño fragmentos del poema “Estima el teu ofici” de Joan Maragall. Josep Roca revelará después que es uno de los espacios que más le definen, además del altar de los vinos.

Estima el teu ofici
la teva vocació, 
la teva estrella, 
allò pel que serveixes, 
allò en què realment 
ets un entre els homes, 
esforça’t en el teu quefer 
com si de cada detall que penses, 
de cada paraula que dius, 
de cada peça que poses, 
de cada cop de martell que dones, 
en depengués la salvació de la humanitat.
Perquè en depèn, creu-me.

La muestra es una reivindicación del oficio y de la formación profesional. Se puede ser excelente con un oficio”, añadirá Massanés. Los orígenes del Celler son Josep Roca y Montserrat Fontané que decidieron abrir en 1967 un bar en un barrio obrero, en las afueras de Girona. Poco podían pensar que años más tarde sus tres hijos, “testimonio de aquel legado”, estarían en lo más alto. Por entonces, la carta recogía platos como el pollo con cigalas, los pies de cerdo con nabos, el bacalao con pasas o los admirados calamares a la romana. Joan Roca reconoce que si hay algún plato que le defina en estos 30 años, es el cordero con pan con tomate que le preparaba la abuela Angeleta. “Cuando había tensión, nos hacía sonreír siempre. Nos lanzaba sifón y harina por encima”, recuerda con ternura.

*Autora: Ruth Troyano

*Autora: Ruth Troyano

Tras un segundo tramo de escaleras, el visitante se adentra en la exposición con un “calidoscopio creativo que demuestra la riqueza y la creatividad de tres mentes”, sigue relatando el comisario. Los hermanos Roca se presentan en un tríptico con tres proyecciones que presentan los tres campos de batalla: la cocina, los vinos y los dulces. Espacio y Tiempo discurren en esta primera parte de la muestra, para pasar primero por la memoria, la tradición, el academicismo, la innovación tecnológica y la transversalidad; y luego por el paisaje, el producto, el vino, la percepción de los sentidos (cromatismo, dulce, perfume) y la motivación interna (libertad, atrevimiento, magia, sentido del humor y poesía). En el Tiempo, hay hueco para La Masia, que Massanés define así: “una incubadora de creatividad, aprendizaje y oportunidad de intercambio que el Celler aprovecha como nadie”. El trabajo de documentación y el acompañamiento tecnológico son ciertamente muy potentes, sobre todo en el tramo final, cuando el visitante puede sumergirse en el interior del Celler de Can Roca, en la sala pero también en la cocina. Se reconocen gestos, movimientos, espacios, ritmo… Siempre frenético, siempre modélico, siempre apetecible de observar. Un conjunto de cámaras filman el trabajo de un servicio en El Celler.

*Autora: Ruth Troyano

Toni Massanés resume el viaje como una reflexión gastronómica y vital. Innovación y transversalidad. Una muestra pluridisciplinar que enseña el sentido íntimo de cada texto, imagen, vídeo, de cada objeto y posición. “Recuerda que eres mortal”, advertirá el comisario para los más idólatras. Así han pensado siempre los hermanos Roca. Y así es el “memento mori” de la exposición: “Tan importante como subir a la luna es tocar con los pies en el suelo”.

Josep, Joan y Jordi acaban de visitar el resultado final de la muestra, poco antes de atender a la prensa. Joan acaba de aterrizar en el Prat procedente de Australia y afirma tras el primer recorrido que es una forma “bonita de explicar una historia, basada en el compromiso, en el trabajo y en el romanticismo”. “Es algo difícil de explicar como hemos construido todo esto. Pero lo importante es, ha sido, evolucionar siempre, sin dejar de ir a comer cada día a casa de nuestros padres. El trabajo de Toni es magnífico porque ha sabido conceptualizarlo todo”, afirma Joan. “Explicar el mundo de la gastronomía actual es difícil, como contar lo que hacemos, y se ha conseguido. Es una muestra excelente”. 

Para Jordi, la historia de los perfumes y la percepción de los sentidos es un punto de inflexión dentro de la muestra. “Por lo que presenta de diferente”, añadirá. Y sobre los distintos espacios, asegura que “todos son buenos y queridos”. Josep, siempre poético y místico, filosófico y terrenal, reivindica el poema de Joan Maragall y el valor del oficio. “Disfruta de tu trabajo sea el que sea. Todos tenemos talento y distintas inteligencias… Creo importante ahondar en este discurso, porque todo el mundo se puede sentir identificado”. Pero además de este testimonio suyo tan personal, resalta también el valor de calidoscopio: “Son tres personalidades distintas. Hay una visión poética, un preludio potente de una realidad… Es diferente, original…”, suspira. “Son tres mundos que se unen de manera abstracta, pero con un mensaje contundente”, cuenta Josep Roca.

*Autora: Ruth Troyano

*Autora: Ruth Troyano

Hay en todo una voluntad de contar pero nunca de sentenciar. Se presuponen los puntos suspensivos para dar pie a la reflexión. Quizás por ello existen platos que son poemas inacabados y la exposición “De la terra a la lluna” termina con un texto de Walt Whitman, aunque en otros espacios habrá referencias a Proust y Ramon Llull:

Yo mismo me celebro y a mí mismo me canto;

y mis pretensiones serán las tuyas,

pues que cada átomo mío también te pertenece...

*Autora: Ruth Troyano

El vino y la luna

Está claro que si los viajeros de Jules Verne bebían vino de camino a la luna, en los 30 años de cocina del Celler de Can Roca, el alimento ha tenido siempre un papel protagonista y ha sido clave en la ascensión. “No es sólo nuestra visión del vino sino la manera de entender el mundo del vino de Can Roca”, cuenta en un aparte Josep Roca cuando se le pregunta por el espacio expositivo, bello y poliédrico, que han creado. Josep cuenta la vida a través el vino y por ello siempre se cruzan en su discurso muchas disciplinas artísticas: la música, la fundamental…  La inspiración nace de lo más hondo, de la voz de Sílvia Pérez Cruz, del piano de Chucho Valdés… Y en la muestra se hace evidente con un juego de vidrios que envuelven y sumergen al visitante en lo más profundo. Entre lo humano y lo paisajístico, lo terrenal y lo espacial, cobra vida “Tras las viñas”, el libro que Josep Roca e Imma Puig acaban de publicar con primeros planos de viticultores, sonrisas, imágenes de frío en el viñedo, de esplendor verde... “Hemos querido extrapolar el sentimiento del restaurante a campo abierto”, comenta. Un gesto más de generosidad, al que se añade el sueño de alcanzar la luna. “He querido representar el vino que más cerca ha estado de la luna; lo llevamos en el tour este verano a Estados Unidos y tiene que ver con la historia de Jules Verne si se quiere, también”. Es un Nuits-Saint-Georges 1er cru -  Clos de la Maréchale, de su amigo Frederic Mugnier, piloto de aviación. Un vino que vuela alto en todos los sentidos. 

*Autora: Ruth Troyano

Todo para luego descender en este viaje que requiere siempre ser humilde. Cuenta Josep Roca  que “la tierra es un tesoro” mientras señala un saco de terciopelo rojo que la cobija. Y muy cerca de él, sobre botellas de vino del Celler recicladas, muestra el carácter de los suelos que definen los vinos: los de Sancerre, el macharnudo de Jerez, la pizarra de Priorat, en este caso de la finca Mas de la Rosa del Celler Vall Llach… Hay recuerdos para todos los que nutren a Roca, al Celler, a la alta gastronomía…

Así pues, el viaje continua. Fieles a los orígenes. Con manos y pies cerca de los valores que emanan de la tierra. Sin tierra no hay luna. Como también reflejan estos versos de Colette que defienden en Nuits Sant Georges:

“The vine knows the secrets of the soil

and communicates them through the grapes.

Through the vine, flint lets us know that it is a living thing, fusible and nourishing.

The barren chalk cries golden tears of wine...»