Mise en Place

febrero 06

Un colmado-bodega para “perder el tiempo” y cambiar el mundo

La bodega nació en 1923 y ha tenido muchas vidas. Pero hasta junio de 2016 no cayó en manos de Lourdes Reig y Josep Maria Sumalla. Con ellos llegó el “comer y beber para cambiar el mundo”.

En el número 19 de la calle Vallespir del barrio de Sants de Barcelona, el buen karma se siente. El Celler del Nou Priorat es un lugar para “perder el tiempo” en el buen sentido de la expresión. Es un local que invita a estar y disfrutar del producto ecológico y de proximidad. Los alimentos se pueden llevar o tomar in situ. El tiempo se detiene entre carteles e imágenes de Frida Kalho que invitan a vivir el espacio. A comer y beber recordando la mítica frase de la artista mejicana: “Quise ahogar mis penas en licor, pero las condenadas aprendieron a nadar”.

*Ruth Troyano

El Celler del Nou Priorat es un antiguo colmado que sirve comidas sencillas a la vez que suculentas, con los sabores y gustos de siempre, presentaciones contemporáneas y vinos de hoy. Una carta compuesta de 34 referencias delicadamente seleccionadas por el argentino que más sabe de vino catalán: Miquel Figini, director de l’Escola del Vi Català.

  • Ensaladilla rusa vermutera con encurtidos, mayonesa de piquillos y ventresca de atún
  • Patata de Olot con reducción de vino rancio de la Terra Alta y rellena de carne sofrita
  • Crujientes de pecho de pollo ecológico de Cal Tomás con tártara de mostaza
  • Roast beef eco de Cal Tomàs con puré de berenjena a la brasa y vinagreta de pistachos
  • Canelones caseros con setas y carne con crema a la trufa
  • Huevos de pagès estrellados con patatas y butifarrón de ceba de Coll Fred
  • Lomo de bacalao con sanfaina y romesco casero
  • Peras al vino novel y salsa de vainilla
  • Mató de la quesería de Tòrrec

*Ruth Troyano

*Ruth Troyano

*Ruth Troyano

*Ruth Troyano

Más que con productores, trabajamos con personas que han salido de su zona de confort”, cuenta Josep Maria Sumalla, propietario y jefe de sala. Hasta ahora se había dedicado al mundo de la óptica y su pasión por la gastronomía y el buen producto le llevaron a empezar una nueva aventura profesional junto con su mujer Lourdes.

En nuestra cocina hay poca transformación del producto. La calidad es alta en nuestro país, en los quesos, los embutidos y el vino. Nos gusta la idea de mantener el colmado para quienes se quieran llevar los alimentos y prepararlos en casa, pero también queríamos ampliar sus posibilidades y ofrecer a todos la opción de compartirlo aquí, en las mesas d’El Celler. El vino se vende a precio de bodega, cobramos sólo el servicio de descorche. Somos justos con los precios”, avanza Sumalla. La oferta gastronómica del local se mueve entre la ecología y la proximidad. “Nuestro hilo conductor es éste”, afirmará Josep Maria consciente de que “el consumidor puede cambiar en el mundo. Con las acciones diarias, también la gastronomía, podemos cambiarlo todo”, añadirá después.

Tanto él como Lourdes están seguros de que pueden contribuir de manera positiva a mejorar la visibilidad y el reconocimiento de los productores con los que mantienen una relación cercana, de amistad. “Nuestro producto es próximo, solidario, se vende a un precio justo y es ecológico, como el café o las mermeladas. Nicanor es quesero en el Pirineo y nos ha contagiado su pasión, como tantos otros”, cuenta Josep Maria. De él es el mató que ofrecen para postres en la carta de invierno.

*Ruth Troyano

Vinos de mínima intervención

Nuestra misión es crear embajadores del vino catalán pero también de interpretar el vino”, afirma Miguel Figini, colaborador d’El Celler del Nou Priorat y autor de su carta de vinos. Apuestan por vinos de viticultura ecológica, biodinámica y natural. Se atreven a poner a prueba el paladar y la sensibilidad del consumidor para con las nuevas tendencias y ofrecerle alimentos que estén en sintonía con la sostenibilidad y la mínima intervención en la bodega. Vinos de autor, singulares, de ediciones limitadas. Por ejemplo, el espumoso ancestral Roig Boig 2016, la pansa blanca d’Alta Alella, Sassó de Ruben Parera, Altaroses de Joan d’Anguera, una cariñena de Masia Carreras o el vino dulce de Sant Josep Wines para acompañar el pan con vino y aceite y sal maldón que sirven por sorpresa para postres, una merienda nostálgica, de nuestra infancia. Los vinos ofrecen un viaje de norte a sur por las regiones vitivinícolas catalanas, demostrando la fuerza y la equidistancia enológica. Y su gran calidad.

*Ruth Troyano

Empezamos en el mundo de la gastronomía con una food truck en 2016. Servimos durante un mes y  medio coca con sanfaina, una receta que es ejemplo de la mezcla, de la fusión de la cocina catalana”, cuenta Lourdes para situar sus comienzos en la nueva aventura, antes de hacerse cargo del Celler del Nou Priorat. Ella es profesora de acuicultura en la Universitat Politècnica de Catalunya y durante dos años fue vicerrectora de Relaciones Internacionales. “Me gusta cocinar. Nos gusta comer. Tenemos una casa entre las comarcas de la Noguera y el Pallars y conocemos a productores de la zona”, avanza. El paladar entrenado, el de Lourdes y Josep Maria, y el de sus hijos. Está claro que para abrir cada noche los 7 días de la semana, en El Celler del Nou Priorat tenían que ofrecer alimentos de máxima calidad, cocinados con el máximo respeto. “Hemos dado muchas vueltas para liberarnos de la superficialidad y de la uniformidad que tan fácilmente nos cubre si nadamos a contracorriente”, resumen en su manifiesto fundacional. Por ello, el negocio es una extensión de su filosofía de vida: “Proyectos personales, singulares, que cuenten una determinada manera de ver el mundo y vivir la vida”.

Quienes se acerquen al Celler del Nou Priorat encontraran la calidez que se le presupone a un local de barrio con lo mejor de la tradición y lo necesario de la vanguardia. Con raíces e intenciones. Escucharan al equipo despedirles con un “habéis estado bien” más que un “habéis comido bien”. Sants cuenta con un colmado-bodega que no sólo propone alimentarse sano, justo y bueno, sino también pasarlo bien. Para ello han definido un programa de actividades que propone al cliente saborear, catar y conversar. Que nadie diga que no hay opciones para ser parte del cambio que queremos en el mundo. Está claro que siempre empieza por uno mismo, pero ahora el primer paso puede darse en El Celler del Nou Priorat.

 

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